Una casita junto al mar…

Menorca, tierra de pescadores. La isla más oriental de las Baleares esconde en sus costas los pueblos de pescadores más encantadores del Mediterráneo, lugares con sabor a mar y a tradición. La esencia del arte pesquero de otros tiempos se funde con la belleza de las vistas panorámicas en estas villas pesqueras en las que perderse para descubrir sus secretos.

 

La primera de nuestras recomendaciones es el idílico poblado de pescadores de Binibeca Vell, al sur del municipio de Sant Lluís. Es puro encanto en cada uno de sus rincones. Se trata de una reconstrucción de una aldea pesquera típica del Mediterráneo en la que perderse por las laberínticas callejuelas empedradas que forman sus casas blancas encaladas es pura magia. Una visita en la que disfrutar de la tranquilidad y la paz de la isla, con el rumor del mar de fondo y unas vistas espectaculares. 

 

Al norte de la isla, bordeando una preciosa bahía, encontramos el maravilloso pueblo de Fornells, es uno de los lugares más bonitos y especiales de la isla. Sus casas blancas miran al mar en calma desde sus posiciones privilegiadas rodeando la bahía que las protege. La brisa marinera peina las hojas de las palmeras y mece las barcas de los pescadores en uno de los lugares en que la tradición marinera se mantiene más intacta. Es por eso que es considerado como el mejor lugar para probar platos de pescado y marisco, en especial el plato estrella de la zona: la caldereta de langosta.

 

Si nos vamos al extremo este de la isla encontraremos Es Castell, en la entrada del puerto de Maó, un pueblo de clara influencia británica que se relaciona en su origen con el Castell de Sant Felip, punto estratégico de defensa de la isla. Como no podía ser de otro modo, Es Castell cuenta con un precioso puerto de pescadores, Cales Fonts, en el que podrás disfrutar de las terrazas de los bares y restaurantes, especialmente durante noches de verano, donde encontrarás una gran actividad, con tiendas, un mercadillo de artesanía y un precioso paseo marítimo hasta el Moll den Pons.

 

Con su impresionante puerto natural, el más grande Mediterráneo y el segundo más grande del mundo (por detrás de Pearl Harbor) en su categoría, no podíamos dejar de nombrar a Maó como centro pesquero de Menorca. Recorrer el paseo marítimo, ya sea durante el día o por la noche, y contemplar las barcas, veleros y yates que se encuentran durmiendo plácidamente es uno de esos placeres que te rodean como la brisa marina que acaricia tus mejillas.

 

Más pequeño y discreto, el encanto del puerto de Ciutadella no tiene nada que envidiar a sus compañeros. Las barcas que se encuentran amarradas al final del recorrido de sus aguas, en la zona de la “colàrsega”, pertenecen a pescadores locales, familias que se dedican a esta tradición desde hace generaciones. Los restaurantes de la zona, con terrazas que casi besan el mar, ofrecen pescado recién descargado de los barcos en un puerto de panorámicas impresionantes y carácter mediterráneo.