Puerto de Ciutadella, el refugio de poniente

En el extremo opuesto de la isla, tras la larga estela del puerto natural más grande del Mediterráneo, se esconde el encanto de una pequeña rada que observa cada atardecer cómo el sol se pone tras el horizonte. El puerto de Ciutadella, si bien no puede compararse en tamaño ni importancia histórica con el de la capital de la isla, compite en elegancia y genuidad. El carácter eminentemente pesquero reluce sobre las embarcaciones de recreo que se amarran fuertes a los muelles y oscilan con los desniveles del mar.

 

De estos desniveles, destaca el fenómeno meteorológico de la “rissaga”. Una especie de marea repentina que ha dejado en más de una ocasión el fondo marino al descubierto. Solo para volver a esconderse a los pocos minutos tras una marea embravecida que propició, por el peligro que entraña, la construcción de un muelle de atraque para los barcos de pasajeros y mercancías.