Maó, el umbral de Menorca

Entrar en Menorca es sinónimo, casi siempre, de poner ambos pies en Maó. Ya sea por aire o por mar, la capital de la isla es la alfombra de bienvenida. Y lo ha sido desde siempre. La imponente entrada natural que penetra en la tierra de levante, es la puerta por la que culturas tan dispares como la árabe y la inglesa han dejado su huella en Menorca. Una huella que late en cada rincón de la capital.

 

Muchos de los avances sociales, tecnológicos, económicos y comerciales tuvieron en Maó su ventana para asomarse al resto de la isla. Si bien el punto de llegada conserva gran parte de esa novedad, ese encuentro entre Menorca y el mundo exterior. 

 

La ciudad se construyó alrededor de esa gran entrada natural que es el puerto. Imponente, cercado al norte por una costa ondulada y suave; y, al sur, por un gran acantilado que sujeta los cimientos del motor que hace avanzar al resto de la isla hacia un futuro ligado al territorio, al pasado, a las profundas raíces visibles en cada gesto, palabra y decisión.