El paisaje geológico de Menorca

Menorca es una isla mediterránea de 702 km2 de extensión a la que los menorquines les gusta llamar cariñosamente “Sa Roqueta”. Una roca en medio del mar que, aun siendo relativamente pequeña, ofrece una gran variedad de elementos geológicos que le dan personalidad propia y la convierten en única e irrepetible. Con una riqueza cromática espectacular, Menorca cuenta con un impresionante patrimonio geológico con más de 400 millones de años de historia, de naturaleza dispar y gran calidad. 


El archipiélago de las Illes Balears es la prolongación hacia el mar de las cordilleras Béticas, formando su área más oriental y la posición extrema de Menorca hace que sus características sean diferentes, tanto del resto de las islas como de las sierras de las cuales proviene. 
Menorca está dividida en dos regiones geológicas muy diferentes, Tramuntana y Migjorn, separadas por una línea que va desde el puerto de Maó hasta Cala Morell, siguiendo aproximadamente la carretera Maó-Ciutadella. 


La zona de Tramuntana, situada al norte, presenta los materiales más antiguos, mostrando una costa accidentada, de rocas fracturadas y plegadas, muy desigual y agreste, numerosos cabos y calas de arena rojiza u oscura. Sin embargo, el relieve es suave en forma de pequeños montículos, redondeados por el viento de Tramuntana. El terreno forma un entramado heterogéneo constituido principalmente por conglomerados, areniscas, arcillas y calizas. 
Por su lado, la zona de Migjorn, el sur de la isla, está formada principalmente por su roca más representativa: el marès. Esta extensa plataforma de roca calcárea forma un plano casi horizontal de costas rectas, con importantes acantilados y playas largas y abiertas de arena blanca. Numerosos barrancos esculpidos por el agua forman una red fluvial que desemboca en las calas.


El color de las rocas de cada una de las áreas permite dividir Menorca en cuatro tipos de paisajes: la Menorca oscura, la Menorca roja y la Menorca gris, situadas en la zona de Tramuntana, y la Menorca blanca, en la región de Migjorn. Estas cuatro zonas han servido de inspiración para la exposición permanente del Centro de Geología de Menorca, ya que sirven como rasgo diferenciador para la explicación del proceso de formación de estas rocas, el porqué de sus caprichosas formas y colores, así como los usos históricos que han tenido.


Desde 2016, gracias al proyecto de la Agencia Menorca Reserva de la Biosfera, la isla cuenta con un inventario de lugares de gran interés para poder interpretar y reconocer su irrepetible patrimonio geológico. Algunos de los más destacados son es Pont d'en Gil, impresionante arco natural que nace de las fracturas de las rocas; el Barranc d’Algendar, característico y singular, con profundos desfiladeros fluviales de paredes casi verticales cortadas en el marés; Binimel·là y Pregonda, dos preciosas playas con gran variedad de rocas que cabalgan unas sobre otras, creando espectaculares formas y dunas de laminaciones cruzadas; Cap de Favàritx, área de gran singularidad geológica, donde la roca oscura luce en todo su esplendor; Cala Morell, inicio de la línea divisoria entre las dos regiones geológicas de Menorca, donde se puede ver la unión entre las mismas; y el Port de Maó, final de esta línea, que muestra esta diferencia con sus dos orillas, norte y sur, geológicamente diferentes. 


La peculiaridad de la geología de Menorca permite disfrutar de la isla y recorrer las maravillas que se esconden en “Sa Roqueta” una y otra vez para descubrir nuevos rincones, colores y formas que no se encuentran en ningún otro lugar.