Bocados dulces y salados

Amantes del buen comer, los menorquines se sienten especialmente atraídos por el dulce y por la mezcla de sabores. Por eso en la repostería típica de Menorca encontramos sabores salados y dulces, combinados o por separado, dando lugar a una gran variedad de pastas, pasteles, tortas, pudines, bizcochos y otros muchos postres que no pueden dejar de probarse si se visita la isla.


La riqueza de la repostería de Menorca es tan grande como su cultura, además de ser una de las más variadas. La tradición se mantiene tanto en los procesos artesanales realizados en los hogares y las pastelerías como en los ingredientes, todos ellos de primera calidad y Made in Menorca. 


La importancia que desde siempre ha tenido la repostería menorquina nos deja datos curiosos, como el hecho de que en el año 1887 Menorca contaba con 40 pasteleros (27 en Maó, 11 en Ciutadella, uno en Alaior y otro en Es Mercadal), además de 3 fabricantes de chocolate con tienda propia, mientras que había sólo un dentista en toda la isla.

 

Las raíces de esta tradición se remontan a la época musulmana, de la cual se han mantenido elementos que han sido mezclados y mejorados con las aportaciones británica, catalana y francesa. El especial gusto de los menorquines por mezclas tan especiales como la sobrasada con miel hizo que cuajaran bien las recetas de los dulces árabes, a las cuales superaron en cantidad, adaptándolas al particular gusto menorquín. 


Pero no toda la repostería local proviene de sus diferentes dominaciones. El origen de los productos de carácter más autóctono está en las casas de pueblo y en los llocs menorquines (fincas), donde las amas de casa y las madones (payesas) realizaban estos manjares en hornos de leña con motivo de alguna celebración, en fechas especiales y días festivos, pero también para romper la monotonía, dando un aire festivo a la mesa. 


No obstante, algunas de las recetas sí van unidas a fechas concretas, como los buñuelos por Todos los Santos, pastissets y crespells para la matanza, greixeres en Carnaval, formatjades en Pascua, tortada, cuscussó y turrón casero en Navidad, o coca bamba (ensaimada menorquina) en las fiestas patronales de verano, acompañada de chocolate. 

 

Hoy en día es fácil encontrar la mayoría de estas pastas durante todo el año en las pastelerías menorquinas, así como también muchas otras: cocas (de verduras, carne, pescado…), rubiols, panecillos de sobrasada, flaons, amargos, carquinyols… todas ellas preparadas siguiendo las recetas tradicionales, transmitidas de generación en generación. 


Pasear por las calles de los pueblos de Menorca y encontrar en las pastelerías estas pastas y dulces, preparados con las recetas tradicionales, alegra a los visitantes igual que alegraba las mesas de los menorquines en tiempos remotos. Probar estas pastas es un requisito indispensable para conocer los sabores que tanto gustan a los menorquines y que deleitan a los visitantes que las prueban, quienes los incluyen en sus desayunos, meriendas y postres durante sus días de visita a la isla, e incluso se los llevan para seguir disfrutándolos al volver a casa.