Degustar los frutos del mar

Cuando pensamos en Menorca podemos vernos en sus playas, paseando por sus caminos rurales, conociendo sus poblados talayóticos… y comiendo frente al mar. Condiciona casi todos los aspectos de la vida de la isla y forma parte del carácter de sus gentes, de su paisaje y de sus platos. Por eso, para conocer bien la tierra de Menorca es imprescindible disfrutar de una comida con excelencia de los productos del mar menorquín.

 

La condición insular de Menorca es la marca indiscutible de su comida típica, convirtiéndola en una combinación cautivadora de la pasión por la tierra y la esencia del mar. La tradición pesquera de Menorca ha sido una explotación básicamente familiar y artesana. Esto implicaba la necesidad de que los pescadores permanecieran a bordo durante todo el día para así evitar desplazamientos hasta la costa, instándolos a cocinar la misma pesca que ellos mismos sacaban del mar. De este modo, los primeros que cocinaron con esta materia prima insuperable fueron estos artesanos del mar, dando origen así a la cocina marinera que sirven orgullosos los restaurantes hoy en día.

 

La receta local más emblemática es la internacionalmente conocida caldereta de langosta, un plato delicioso e irresistible de calidad insuperable. El sabor de la langosta se potencia con un fondo de cebolla, tomate maduro, ajo, perejil y pimiento que se cuece a fuego vivo y se sirve con rebanadas de pan de payés. Una receta de elaboración sencilla, típica de los guisos mediterráneos, una herencia que va pasando de generación en generación y que se transmite a la caldera. La clave de este plato reside en que las langostas sean de las aguas del mar menorquín, que desde siempre han sido particularmente sabrosas. 

 

Sin embargo, aunque sea la más famosa, la versión genuina de esta sopa no era de langosta sino de pescado, calderas que se siguen preparando hoy en día, a menudo a base de pescado de roca, como la caldereta de mero, elaboradas siempre con pescado fresco de la isla, a sabiendas de la calidad del fruto del mar de Menorca. 

 

En los hogares y restaurantes de la isla se cocinan muchos más platos del amplísimo recetario local de cocina marinera menorquina, transmitida generación tras generación casi siempre de forma oral. Algunos restaurantes incluso cuentan con embarcación propia, que sale al amanecer para que las manos expertas de sus chefs preparen de forma exquisita los platos que degustarán sus clientes. Un pescado con especial atractivo para tomar durante día a la orilla del mar es el cabracho, así como la fritanga de peix de roca, pescado frito con variedad de peces de delicado sabor: doncellas, tordos, serranos, vacas y esparralls, entre otros.

 

La compra en los animados mercados de pescados es una experiencia que hay que vivir, tanto por sus productos que se ofrecen más frescos, variados y suculentos que en cualquier otro lugar, por su ambiente, pues son un reflejo de la vida de este trocito de tierra en medio del Mediterráneo. Degustarlos en estos entornos especiales y descubrir las deliciosas propuestas que se ofrecen es un lujo que el visitante no se puede perder.