Barreras que abren caminos

Caminar por el campo menorquín, aunque sea solo por el Camí de Cavalls, es ir abriendo y cerrando una barrera tras otra. La estructuración del terreno, vallado para contener a los animales en sus respectivas tierras, propició la aparición de pasos para el hombre. Y como la piedra sirvió para cerrar caminos, las ramas de acebuche fueron aprovechadas para abrir el campo al hombre. 

 

De ahí nació el aperador (arader). En un principio, como complemento al trabajo que da nombre al oficio, que no era otro que el de fabricar los arados que servirían para labrar el campo, además de otras herramientas agrícolas. El aperador menorquín se especializó, prosperó y creció hasta llegar a convertirse en un artesano de la madera. Y el mayor exponente de su éxito es la barrera menorquina, la que se abre y cierra cientos de veces al día en el Camí de Cavalls.

 

Tabalets o taburetes, mesas y bancos de payés y balaustradas han sustituido aquellas primigenias herramientas agrícolas, que hoy en día se fabrican como elementos decorativos.

 
Enlaces relacionados
Video