Menorca, pueblo a pueblo

Si Ciutadella transmite un aire de majestuosidad conservada del pasado, Maó es la modernidad del presente. Y, entre medias, todas las manifestaciones culturales que alguna vez han pisado la isla se reflejan en pequeños detalles diseminados por la geografía menorquina. 

 

Siempre con la piedra de marés como protagonista, los pueblos y ciudades de Menorca son fieles descendientes de las simbiosis culturales acaecidas durante su historia. Aljibes árabes, calzadas romanas, ventanales de guillotina francesa y el característico rojo piedra que dejaron los ingleses, forman un puzle en el que cada pieza parece encajar a la perfección. El nexo de unión entre todas estas peculiaridades es la esencia mediterránea que baña tanto los pueblos y ciudades de costa como los de interior.

 
Alaior, más de 700 años de historia
 

Alzándose sobre una colina, podría parecer que Alaior es uno de los pueblos más elevados de Menorca. Sin embargo, las apariencias, en este caso, sirven de truco visual para dar protagonismo a una población con más de 700 años de historia documentada. Si bien no es la localidad más elevada de la isla, las empinadas cuestas que son sus calles, configuran una laberíntica red que culmina en la plaza de la Constitución. 

Más información
Ciutadella, la ciudad señorial
 

El sol de la tarde tiñe de oro las imponentes fachadas de los palacios de antiguos señores en la plaza del Borne. El epicentro de un pueblo que se siente ciudad, o ciudad que conserva su carácter tradicional, regio, estoico como la piedra que lo caracteriza. Ciutadella es, en esencia, mediterránea. No solo por rozar la costa oeste de la isla y abrazar gran parte del poniente.

Más información
Es Castell, la herencia inglesa
 

Hasta su nombre original exuda el halo británico que le ha caracterizado desde su fundación. Es Castell, o Georgetown, como fue bautizado en 1771 por las militancias del ejército inglés que en aquel momento ocuparon el lugar, es la población donde la herencia británica de la dominación inglesa es más latente. Especialmente en el tono rojizo de las paredes de muchos de los edificios de la localidad, a remembranza del color de la piedra con la que construían en su tierra natal. 

Mas infomración
Es Mercadal, el corazón de Menorca
 

Crecida a los pies de la mayor altura en un terreno que se levanta pocos metros sobre el mar, la población de Es Mercadal sirve de conexión entre todos los puntos de la isla. El blanco de la cal en sus paredes hace destacar los brillantes colores de las flores con las que los vecinos adornan esta pintoresca población. Cruzada por un pequeño torrente, casi siempre seco, equilibra la arquitectura de antiguas culturas con zonas mucho más modernas y adaptadas al crecimiento de la población.

Más información
Es Migjorn Gran, la juventud del pueblo más pequeño
 

Es Migjorn Gran puede presumir de dos características, a priori, contradictorias. La primera, de ser la población más joven, en términos históricos, de Menorca. Su fundación como municipio independiente de Es Mercadal data de 1989, unos escasos 30 y pocos años en los que la población ha crecido en cuanto a importancia turística gracias a los arenales que alberga su costa, orientada completamente hacia el sur.

Más información
Ferreries, la horma de Menorca
 

Ferreries asoma tímidamente en uno de los pocos valles reales de Menorca. Eso no impide que sea la población de la isla que queda a mayor altura sobre el mar. Quizás el hecho de vivir en su propio mundo cercado por lomas más o menos abruptas, han hecho de Ferreries uno de los pueblos con una personalidad más fuerte, más arraigada en su pasado. Pero sin mirar de frente al presente.

Más información
Fornells, el sueño del marinero
 

A pocos kilómetros de Es Mercadal, la bahía de Fornells se abre paso entre la ondulante y escarpada costa norte de la isla. En el margen oeste de la ensenada, un pequeño pueblo de paredes blancas y calles estrechas descansa orgulloso sobre una tradición pesquera que lo convierte en una de las paradas obligatorias para cualquier buen comensal. 

Más información
Llucmaçanes, esencia rural
 

Las fachadas con reminiscencias inglesas, francesas o árabes desaparecen entre las “paredes secas” que delimitan las casas de Llucmaçanes. Porque en esta pequeña localidad lo que importa es el campo. Considerada, igual que Sant Climent, una pedanía de Maó, Llucmaçanes es un conjunto de caminos estrechos que llevan de finca a finca. De casa rural a casa rural. 

Más información
Maó, el umbral de Menorca
 

Entrar en Menorca es sinónimo, casi siempre, de poner ambos pies en Maó. Ya sea por aire o por mar, la capital de la isla es la alfombra de bienvenida. Y lo ha sido desde siempre. La imponente entrada natural que penetra en la tierra de levante, es la puerta por la que culturas tan dispares como la árabe y la inglesa han dejado su huella en Menorca. Una huella que late en cada rincón de la capital.

Más información
Sant Climent, la localidad surgida de la devoción
 

Entre la urbe de Maó y los terrenos escarpados del municipio de Alaior, se encuentra mirando hacia el sur de la isla la pedanía de Sant Climent. La forma jurídica de esta pequeña localidad, a medio camino entre uno de los pueblos más pequeños de la isla y una urbanización dormitorio para los habitantes de Maó, la decidió en 1817 el entonces obispo de Menorca. 

Más información
Sant Lluís, el toque francés
 

Si a finales del siglo XVIII los ingleses se hicieron suya la bocana del puerto de Maó fundando el pueblo de Georgetown - ahora, es Castell -, los franceses hicieron lo propio pocos años antes. En este caso, fue el interior de la isla, aunque no muy lejos del puerto de Maó, el codiciado tesoro de los franceses, que bautizaron a la pequeña localidad tras el nombre de su rey, Luís XV. 

Más información