Personalidad en una copa de vino

Sujetar una copa entre los dedos, levantarla y sentir el aroma de un buen vino justo antes de catarlo es uno de los placeres que cada día aprecia un mayor número de personas. Y si el vino está cultivado en la tierra que nos rodea, el placer es aún mayor. Disfrutar del vino de Menorca acompañando su gastronomía típica, en sus bares y restaurantes, catarlo en sus bodegas o compartirlo en casa en buena compañía puede convertir una visita a Menorca en una experiencia exquisita.


Desde la época del Imperio romano, el cultivo de la vid en Menorca ha sido una tradición que se mantuvo a lo largo de los siglos, alcanzando su periodo de esplendor durante la dominación británica, en el siglo XVIII, en la que la presencia frecuente de soldados y marineros anglosajones impulsó su crecimiento. A principios del siglo XIX, la elaboración de vino en Menorca llegó a tener una importancia significativa para la economía de la isla, que contaba con una extensión cultivable de unas mil quinientas hectáreas, incluso con exportaciones fuera de la misma. Sin embargo, la llegada de enfermedades como la plaga de la filoxera hizo que la producción prácticamente desapareciera, quedando reducida al autoconsumo, hasta que la tradición histórica del cultivo de la vid en la isla fue retomada en las últimas décadas del siglo XX.


En Menorca hay actualmente nueve bodegas que comercializan vino blanco, rosado y tinto elaborado en la isla bajo el sello Vi de la Terra de Menorca, marca de garantía y origen que protege estos vinos, consolidándolos como productos originales, con personalidad propia y de alta calidad. Los vinos de Menorca son cultivados habitualmente en parcelas rodeadas de pared seca, que los protege pero que a la vez limita la mecanización de sus procesos, favoreciendo que se mantenga una elaboración manual, y en muchos casos, muy cercana a la tradicional. Además, los suelos son en su mayoría calcáreos y silíceos, de estructura ligera, pedregosa y de fácil drenaje, lo que permite mantener la vid sin demasiada humedad, proporcionándole la frescura apropiada. 


Las bodegas de Menorca han tenido un impacto muy positivo para el campo menorquín, dándole nuevas alternativas que contribuyen a su reactivación, por lo que se trabaja cada día para seguir mejorando su calidad. La mayoría de las bodegas ofrecen visitas a sus instalaciones, en las que tanto aficionados como sommeliers y restauradores, pueden conocer de primera mano las características de sus vinos y el proceso de elaboración de los mismos mientras disfrutan de sus sabores rodeados por la paz del campo menorquín. 


Además, el Vi de la Terra de Menorca ha conseguido ofrecer el acompañamiento perfecto para la cocina mediterránea propia de la isla, que ha quedado mucho más completa con la incorporación de los vinos de la tierra a su oferta gastronómica. Deleitarse con un vino blanco fresco de la isla acompañando unas gambas a la plancha o plato de la famosa caldereta de langosta, mientras se respira la brisa marina, es uno de los placeres que permanecerá en la memoria de quienes lo disfruten.