El placer de sentarse en la isla de la calma

Disfrutar de la brisa de Menorca sentado en una de sus sillas menorquinas es uno de los placeres más recomendables. Disfrutar de una buena velada con amigos y familia sentados en las tradicionales sillas nos ofrece una parada en nuestras ajetreadas vidas para contemplar la belleza de Menorca, de sus gentes y de sus rincones. Sentir la calma que ofrecen los atardeceres, mientras nos relajamos sentados a la fresca con una buena conversación puede convertirse en un buen plan para las noches más calurosas.


Las centenarias sillas menorquinas fueron diseñadas por D. Miquel Anglada Alzina, natural de Ciutadella, alrededor de 1920, basándose en los antiguos catres o sillas de tijera plegables que solían llevarse para ir a misa. Su idea era crear un modelo más cómodo, y el hecho de que en la actualidad sigan siendo las favoritas de las terrazas menorquinas demuestra que lo consiguió. Su popularidad fue tal que incluso el mote de la familia es utilizado para referirse a ellas, siendo conocidas como sillas “Coca Rossa”® especialmente en el poniente de la isla.


La sencillez, comodidad y versatilidad de la silla menorquina es una de las características que han hecho que perdure en el tiempo, convirtiéndola en un icono de la isla. Se trata de una estructura de madera con asiento y respaldo de tela que cuenta con reposabrazos para una mayor comodidad. Fabricadas en madera, preferentemente de Menorca o de Baleares, el sistema de tijera permite que su estructura sea plegable. No son muchos los que sigan fabricándola en la isla, lo que ofrece un carácter especial a quienes las encargan a empresas menorquinas. Su estructura plegable esconde un trabajo artesano, en el que cada pieza se fabrica por separado, para unirlas en el ensamblaje final, una obra de carpintería pulida al detalle con paciencia y delicadeza. 


Puede que se hayan fijado en el parecido de la silla menorquina con las sillas utilizadas por los directores de cine al otro lado del Atlántico, una curiosidad que sirvió de inspiración para el anuncio del Festival Internacional de Cine de Menorca de 2016. La similitud en ambos diseños parece ser pura casualidad, aunque la aparición de ambos asientos data de fechas similares. Además, cualquiera que pida su silla menorquina por encargo puede sentirse director, personalizándola con su nombre en el respaldo. Sin embargo, la modificación del diseño inicial más popular es su versión en balancín, que añade la agradable sensación de sentarse en una mecedora a la ya de por sí cómoda silla menorquina.


Otra de las virtudes destacables de las sillas menorquinas es el poco espacio que ocupan cuando están plegadas, convirtiéndose en las escogidas como mobiliario de las terrazas de muchas casas y chalés de la isla, además de ser las favoritas de los bares y restaurantes. 


Sentarse en una silla menorquina permite sumergirse en la calma de una isla que ofrece comodidad y descanso a sus visitantes para que se contagien del tempo de los habitantes de Menorca y se sientan como en casa.