El invierno en Menorca

De diciembre a marzo, la isla recupera su tono pausado. El viento de tramontana moldea el paisaje y la naturaleza muestra su cara más salvaje. El invierno es buen momento para recorrer todos los rincones de la isla, vivir el turismo de experiencias y conocer las fiestas más tradicionales, como la diada de Sant Antoni.  

 

Ser testigo de un mar embravecido por el viento de tramontana es una estampa inolvidable que nos regala el invierno en Menorca. Aunque las temperaturas en la isla son suaves durante todo el año, este viento procedente del norte deja en la isla temperaturas más bajas que invitan a disfrutar de las reconfortantes recetas del invierno menorquín. Un buen brou, el cocido típico que desde hace unos años ha sido reivindicado con fuerza por los restaurantes locales, permitirá al viajero reponer fuerzas para seguir su ruta. Una de las más bellas en esta época del año es la ruta de los faros: a pesar de ser un territorio pequeño, Menorca cuenta con 7 faros que han guiado a los marineros en las noches más oscuras. Tierra adentro, Menorca ofrece al viajero retazos de la historia de la isla que bien merecen una visita: la ruta fortificada, fruto de la situación estratégica de Menorca en el Mediterráneo, o el legado británico que todavía persiste fruto de la dominación inglesa (s. XVIII) conforman un patrimonio histórico rico y desconocido todavía para muchos.

 

El turismo de experiencias (visitar una quesería o una bodega y ser testigos del proceso de elaboración de estos productos típicos) o el de salud y bienestar son algunos de los planes imperdibles del invierno en Menorca. Una época en la que tradiciones como la Navidad dotan a los pueblos de la isla de mayor encanto si cabe, y en la que el visitante podrá ser testigo de una de las celebraciones más arraigadas: la diada de Menorca, el 17 de enero, día de Sant Antoni.