Hecho en Menorca, hecho con amor

Los oficios artesanos aún están vivos en Menorca. La estima por el producto local, fuertemente arraigado a la tradición, ha mantenido profesiones que, por evolución natural, podrían haber desaparecido. Y otros, han llegado con las diferentes culturas que han ido modelando el espíritu trabajador de los menorquines.

 

Quizás el hecho de ser isla ayuda a mantener estas tradiciones, esta manera de hacer, el conocimiento que pasa de padres a hijos y que no se encuentra en los libros. Es por este motivo que el "Made in Menorca", el producto hecho en la isla, no es tan sólo un manufacturado. Es el resultado de años de pasión por el trabajo, los detalles en la elaboración y del aprovechamiento de los recursos naturales al alcance. De transformar un pedazo de Menorca en parte de su historia a través de los oficios.

 
Tierra convertida en arte
 

Pocas artes tienen una conexión tan fuerte con la tierra como la cerámica. El material que configura las formas de la isla es la materia prima con la que distintos artistas de Menorca revelan formas y texturas tan diversas como sus visiones. Sin ser un oficio con mucha trayectoria en el mundo artístico, sí que se ha usado la técnica de la cerámica para fabricar antiguos utensilios de cocina, como morteros, que aún se guardan en las despensas de las abuelas.

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Barreras que abren caminos
 

Caminar por el campo menorquín, aunque sea solo por el Camí de Cavalls, es ir abriendo y cerrando una barrera tras otra. La estructuración del terreno, vallado para contener a los animales en sus respectivas tierras, propició la aparición de pasos para el hombre. Y como la piedra sirvió para cerrar caminos, las ramas de acebuche fueron aprovechadas para abrir el campo al hombre. 

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Forjado a fuego lento
 

El yunque y el fuego son protagonistas en los talleres de aquellos que dominan una de las técnicas más ancestrales: la del dominio del metal. Junto con la piedra y la madera, es de los materiales que más presencia tiene en la isla. Ya sea por su funcionalidad, en forma de vallas para separar jardines; o por su estética, con diversos artistas dedicados a la escultura en hierro.

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Menorca, el corazón de la bisutería
 

Rebuscar en cajones de empolvados muebles y encontrar un tesoro. Uno muy especial. El que llevó elegantemente colgado de la mano algún familiar durante la década de los 20 del siglo pasado. La bisutería lleva más de 100 años presente en Menorca, con una industria que nació en el siglo XIX y se consolidó como una de las más importantes durante la época de la posguerra.

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Cuidarse: el acto más natural
 

Hace años que la industria de la moda puso la cosmética en el candelero. Grandes marcas con productos cada vez más apetecibles llenan las estanterías de perfumerías y centros de estética. Pero, ¿y si existiera una alternativa a las grandes cadenas que fuera, además, mucho más natural? Eso debieron pensar las primeras personas que fijaron su atención en las materias primas que se encuentran en la naturaleza isleña.

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De metales y piedras preciosas
 

Si hay un gremio en auge que está creciendo en los últimos años en Menorca, es el de los joyeros artesanos. Como si la tradición bisutera hubiera calado en las nuevas generaciones, cada vez son más los artistas del metal que transforman oro y plata en piezas únicas y exquisitas. Los talleres de joyería rebosan de pequeñas piezas a medio acabar, esbozos de diseños vanguardistas, otros inspirados en los elementos naturales que se encuentran en la isla.

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Manos de tierra que hacen navegar
 

Los carpinteros de ribera son, hoy en día, uno de los tesoros que hay que preservar. Los materiales innovadores y eficientes que se emplean en la fabricación de embarcaciones ha hecho que la histórica demanda de este oficio sea ahora anecdótica. Y las pequeñas embarcaciones de leña han dado paso a sofisticadas naves que cortan el agua a velocidades impensables por los bots y llaüts tradicionales.

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Lienzos llenos de luz
 

Dicen que la luz es lo más importante para un artista. Y, a juzgar por el número de pintores que residen o directamente han nacido en Menorca, la isla debe tener un fulgor especial. El número de personas, hombres y mujeres, que se dedican a plasmar sobre el lienzo su forma de ver el mundo, es notable en un territorio tan pequeño. Y que es prolífico en otras artes, como la música.

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Piel con piel: los ornamentos del caballo
 

El caballo es uno de los símbolos por excelencia de Menorca. La elegancia de sus movimientos y la nobleza de su carácter convierten a la raza propia de la isla en motivo de orgullo para sus habitantes. Y, aunque la belleza natural de este animal es más que suficiente para impresionar, los ornamentos que luce durante los momentos más importantes del año, destacan sobre la piel oscura.

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Envolverse en un pedazo de isla
 

Ropas ligeras, tejidos naturales y formas inspiradas en todo aquello que es inherente a Menorca. Así es la moda Made in Menorca. Piezas normalmente únicas de artesanos dedicados al textil, que combinan con otros componentes presentes en diversos oficios, como el cuero. La moda del “hazlo tú mismo” ha propiciado que sean varias las personas que se han lanzado a la aventura de crear moda con un sello muy característico: el de la sostenibilidad y respeto por el medio ambiente.

 

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El campo que llena la mesa
 

Melones, berenjenas, tomates, cebollas, lechugas… Pero también cereales, legumbres, leche, vino ¡y queso! Lo que la tierra da en Menorca no se lo llega uno a imaginar solo conociendo el tamaño de la isla. Aunque el producto por excelencia sea el queso, los ganaderos y agricultores saben sacar el máximo provecho de un terreno algo rocoso y lluvias desiguales.

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